España no vino a la Copa del Mundo para romper records de máximos goleadores o de partidos disputados. Tampoco vino para publicitar patatas fritas o bebidas azucaradas en las pausas de hidratación.
España no vino a la Copa del Mundo para cantar el Wonderwall de Oasis o para remar en un barco vikingo. Tampoco vino para bailar durante el descanso de la final.
España no vino a la Copa del Mundo para insultar a los árbitros o agredir a los jugadores. Tampoco vino para faltar al respeto a los equipos rivales.
España vino a la Copa del Mundo para jugar al fútbol. Vino para ganar.